CAMINO 3
FORTALESCENTE. PARA MADRES Y PADRES QUE QUIEREN SANAR SU INFANCIA Y PROTEGER A SUS HIJOS E HIJAS
Un proceso para comprender las huellas de la infancia, evitar repetir la violencia y aprender a proteger sin miedo ni desprotección.
¿Ves a tus hijxs y sientes un terror profundo a repetir con ellxs los mismos gritos o castigos que juraste olvidar?
¿Notas que algo no va bien con tu hijx (está más calladx, somatiza, tiene pesadillas) y te da pánico no saber cómo protegerlx a tiempo?
Este camino está dirigido a madres y padres que quieren comprender la violencia vivida durante su propia infancia, revisar sus patrones de crianza y aprender a proteger a sus hijos e hijas.
Entender lo que viviste sin minimizarlo ni exagerarlo
Comprender tu historia puede ayudarte a no repetirla, pero no tienes que resolverla a solas ni esperar a estar completamente sanada para pedir apoyo. Hay muchas formas de violencia infantil. Y muchas veces, las más silenciosas son las que dejan huellas más profundas.
Maltrato físico o emocional: golpes, insultos, humillaciones y críticas constantes que te hacían sentir pequeña o pequeño.
Abuso:cualquier forma de abuso sexual, psicológico o físico.
Desprotección: Nadie cuidaba de ti. No había adulto responsable. Te dejaban sola o solo con tus miedos.
Abandono: La ausencia de quien debería estar ahí.
Negligencia: No había comida, no había atención, no había… lo básico.
Bullying o exclusión: El rechazo de otros niños. Sentirte diferente, rechazada, solo.
Violencia vicaria: Ver sufrir a alguien a quien amas — un hermano, un animal, una madre — sin poder hacer nada.
Control extremo: Tu libertad, tus decisiones, incluso tus sentimientos, eran controlados.
Comparaciones, desvalorización: Siempre había alguien mejor. Siempre hacías algo mal. Nunca eras suficiente.
Las huellas que pueden permanecer después de la infancia
La violencia infantil no termina cuando termina la infancia.
Puede seguir influyendo en el cuerpo, las emociones, la forma de relacionarte y la manera en que ejerces la crianza. Reconocer estas huellas no significa diagnosticarte: significa abrir un espacio para comprenderlas y pedir el apoyo adecuado. A veces continúa en:
En tu cuerpo:
Tensión constante, como si estuvieras esperando algo malo
Reacciones que no entiendes: sobresaltos, miedo, rabia que surge de repente
Dificultad para dormir, o para estar en ciertos lugares
Cosas que no puedes soportar sin que te cause una reacción desproporcionada
En tus emociones:
Culpa que sientes como propia, aunque no sea tuya
Miedo a que se repita, o a repetirlo con tus propios hijxs
Dificultad para confiar en otros
Rabia que aparece cuando menos la esperas
En cómo te relacionas:
Dificultad para poner límites, aceptas cosas que no deberías
O todo lo contrario: te mantienes a la defensiva, como si esperaras un ataque
Personas que te tratan de forma parecida a como te trataron.
Inseguridad sobre quién eres y qué mereces
En cómo eres como padre o madre:
- Miedo a equivocarte o hacer daño sin querer.
Dificultad para disciplinar sin volver a patrones que jurabas no repetir
Culpa por la forma en que reaccionas a veces
Incertidumbre: ¿estoy haciendo bien? ¿Estoy siendo demasiado protectora? ¿O no estoy viendo lo que ocurre?
Estos cambios merecen ser escuchados y atendidos, pero no deben interpretarse de forma aislada. Una señal concreta no confirma por sí sola una situación de violencia. Si las señales persisten, se repiten o te preocupan, busca orientación de profesionales especializados.
Algunas señales que pueden indicar que una menor necesita ayuda
Si observas varios cambios persistentes en tu hijo o hija, o hay algo que te preocupa especialmente, puedes consultar con profesionales especializados.
En el comportamiento:
- Muestra miedo a una persona concreta
- Cambia su comportamiento de forma repentina
- Se vuelve más calladx o más agresivx
- Se comporta de formas inusuales para su edad
En lo emocional:
- Tiene ansiedad, problemas para dormir o pesadillas
- Somatiza (dolores sin causa física clara)
- Evita ciertos lugares o situaciones específicas
- Se siente culpable de lo que ocurre
- Observa sin ignorar lo que estás viendo.
- Escucha al menor con calma, sin presionarle ni interrogarle.
- Recuérdale que no tiene la culpa de lo que ocurre.
- No prometas guardar el secreto si existe un riesgo para su seguridad.
- No confrontes a la persona sospechosa si eso puede aumentar el peligro.
- Busca apoyo para poder actuar con claridad.
Si existe una sospecha concreta de abuso, maltrato o desprotección, este proceso educativo no sustituye la intervención de los servicios de protección, profesionales especializados, servicios sociales o autoridades competentes. La protección del menor es prioritaria.
Si estás en una situación de riesgo propia o de tus hijas e hijos
Tu seguridad y la de tus hijos e hijas es lo primero.
Este espacio ofrece educación, herramientas de transformación y acompañamiento, pero no sustituye la intervención urgente.
Si en este momento:
- Hay una amenaza de daño inmediato.
- Hay violencia activa.
- Existe riesgo para ti o para tus hijos e hijas.
- Sospechas que un menor puede estar sufriendo abuso, maltrato o desprotección.
Este camino está dirigido a personas adultas. Las herramientas que aquí se ofrecen no sustituyen la atención psicológica, médica, social, jurídica ni los servicios especializados de protección infantil. Si la situación afecta directamente a un menor, la prioridad es acudir al recurso adecuado.
Si necesitas protección inmediata y especializada, existen recursos públicos, organismos de protección de menores, servicios sociales, y profesionales especializados que están ahí para esto.
Si existe peligro inmediato, contacta con los servicios de emergencia de tu zona. No esperes a una sesión para pedir ayuda urgente.
¿QUIÉN ES LA FACILITADORA?
Mi nombre es Enkar 🌺
Yo también he recorrido mi propio camino. He sentido las huellas de mi infancia, el miedo, la desprotección, las dudas sobre si lo que pasó fue tan grave.
Y también he sido madre. He visto a mi hija y he sentido terror de no poder protegerla. De que le pasara algo. De no ver las señales. De cometer errores.
He tenido que aprender a trabajar las huellas de mi propia infancia mientras protegía la suya. Comprendí que ambos procesos están relacionados, pero que cada uno necesita sus propios tiempos y apoyos.
A través del yoga, la arteterapia, el automasaje, la respiración, la danza y otras herramientas de educación y autoconocimiento, he encontrado formas de:
Comprender lo que había vivido
Escuchar lo que mi cuerpo sabía
Recuperar recursos que me ayudaron a vivir de otra manera
Aprender a proteger desde un lugar más sano
Y descubrí algo importante: Lo que vivimos puede dejar huellas, pero esas huellas no tienen por qué determinar nuestra vida ni convertirse en la historia que transmitimos a nuestros hijxs.
Ahora sostengo Fortalescente para ti. Porque sé que es posible sanar tu propia historia y aprender a proteger. Que no tienes que esperar a estar perfecta para poder cuidar bien. Que puedes hacer ambas cosas a la vez 💜